¿Se está perdiendo el EE.UU. que conocen? Votantes de izquierda y derecha coinciden
(AP) - Lo que está en juego en las elecciones intermedias de este martes en Estados Unidos es tan importante que Shane Dunn votó por primera vez en su vida, a la edad de 65 años.
Tras una trayectoria profesional como cocinero a lo largo de la Costa Este, Dunn se mudó a los suburbios de Filadelfia y votó la semana pasada en Levittown. “Siempre fui un hombre ocupado”, dijo frente a su centro de votación. Pero ahora, “me estoy enterando de lo que sucede en nuestro país, y eso es precisamente lo que me impulsó a involucrarme”.
Los demócratas obtuvieron su voto. “Se siente grandioso poder expresar mi opinión”, agregó al señalar la calcomanía de “I Voted” (Voté) pegada en su sudadera negra.

Los votantes en todo Estados Unidos hacen oír su voz y determinan qué partido controlará el Senado y la Cámara de Representantes, además de elegir a quiénes ocuparán cargos de gobernador, en legislaturas y otros puestos de liderazgo estatales durante los dos últimos años de la presidencia del republicano Donald Trump.
Lo que muchos de ellos perciben es que el Estados Unidos que han conocido se esfuma.
Observan ilegalidades que emanan de quienes dictan las leyes. Ven a los políticos avivar el odio entre vecinos, corrupción en todas partes, multimillonarios que llevan las riendas y una cultura que no refleja cómo viven —en resumen, que los cimientos de Estados Unidos están en peligro de desmoronarse—. Eso sin mencionar los desorbitados precios de la gasolina.
En decenas de entrevistas realizadas por The Associated Press a personas que emitieron su voto de forma anticipada en centros de votación o buzones electorales en todo el país, la inquietud era palpable, especialmente entre quienes se oponen a Trump, pero también entre muchos de sus partidarios.
Un voto para frenar la “locura”
“Hoy consideré mi voto como un intento para frenar toda esta locura”, dijo Arthur Horner, de 59 años, quien dirige una empresa de importación y comercialización de alimentos que se ha visto afectada por los aranceles, tras depositar su papeleta de votación en la oficina de elecciones del condado de Dauphin, en Harrisburg, Pensilvania. Votó por los demócratas.
En Sioux City, Iowa, la ganadera Elizabeth Marlett, de 61 años, votó en el histórico palacio de justicia del condado Woodbury —un edificio de estilo de la pradera—, y al salir de allí le dio vueltas a varias cuestiones: los productos químicos en los alimentos procesados, las dificultades de su hijo para obtener sus beneficios como veterano y, tal vez, más que nada, lo que percibe como el giro de la sociedad hacia la izquierda. Para ella, las cosas también parecen estar desquiciadas.
“Los valores familiares se están perdiendo y es necesario recuperarlos”, dijo. “Nuestras libertades han sido pisoteadas por todos lados. La religión ha sido pisoteada por todos lados. Y creo que nosotros, como mayoría, debemos dar un paso al frente y dejar de guardar silencio”. Votó por el Partido Republicano.
Votantes se sienten desesperados por cómo Trump y sus aliados avivan la ira
El enfurecimiento que se respira, avivado por un presidente que utiliza un lenguaje soez y no tolera ni el más mínimo desaire, resulta un exceso para algunas personas.
“Simplemente nos está destruyendo”, enfatizó Linda Markle, una demócrata de 72 años, al referirse al presidente. Habló a las afueras de la biblioteca del municipio de Warminster, en el condado Bucks, Pensilvania.
“Siento un gran temor por este país”, añadió. “La gente solía preocuparse por los demás. Ya no”.
“Lo único que hace la gente ahora es odiarse unos a otros”, dijo, y agregó que Trump “parece haberles dado el valor para ser así. ... La división es horrible, absolutamente horrible, y no veo la hora de verlo irse”.
El republicano Chris Smith, ingeniero de software de 27 años quien votó por Trump en 2024, en Harrisburg—, comprende el sentir de Markle hasta cierto punto.
“Mucha gente lo odia por diversas razones, y puedo entender por qué”, dijo, y agregó: “Creo que está enloqueciendo un poco en muchos aspectos”. Sin embargo, le gustan los esfuerzos de Trump por hacer que regrese la manufactura a Estados Unidos, así como los objetivos de sus aranceles; además, votó por el Partido Republicano porque aún piensa que es más responsable en materia fiscal que los demócratas.
En Ohio, Lori Wilkinson, una trabajadora de atención médica domiciliaria jubilada de New Pittsburg, y su esposo, David, quien trabaja en tareas de limpieza, se consideran independientes. David escribió recientemente a Mike DeWine, el gobernador republicano del estado, para decirle que hace un muy buen trabajo, y ambos votaron por el republicano George W. Bush para la presidencia en el pasado.
¿Trump? “Es el peor presidente en la historia de Estados Unidos”, respondió David en el centro de votación del condado de Wayne. “Te levantas cada día y piensas: ‘¿Qué irá a hacer ahora?’”. Lori opinó que “tiene un odio tan malo que sencillamente está desbordado. Está totalmente fuera de control”.
A ella le preocupa que, si los demócratas obtienen una victoria contundente este martes, Trump “pierda los estribos por completo”.
Therese Mennell, quien está jubilada y es partidaria de Trump, lo comprende. “Tiene ese aire de arrogancia que a la gente no le gusta, y a veces yo dejo de escucharlo por la forma en que habla”, contó en el centro de votación del condado de Wayne. “Pero, bueno, él está haciendo lo correcto. Está salvando a nuestro país”.
Algunos imaginan que Trump figura en la boleta electoral
A pesar de su notable impopularidad en las encuestas, Trump pidió reiteradamente a sus seguidores que imaginen que él aparece en la papeleta de votación para las elecciones intermedias, con la apuesta de que eso motivaría a votar a admiradores suyos quienes, de otro modo, quizá no lo harían. Pero esa estrategia es un arma de doble filo.
Samontae Mwangi, de 20 años, y su hermano Gathenya Mwangi, de 19, emitieron sus sufragios por primera vez y votaron de forma anticipada el martes en su centro de votación en Topeka, Kansas. Ambos trabajan en una planta que fabrica estructuras para vías ferroviarias.
Acudieron con su abuelo, Lynn Henderson, de 68 años, trabajador jubilado de la empresa Goodyear Tire and Rubber Co., y ex cabo primero de los Marines, quien llevaba puesta una gorra de esa rama de las Fuerzas Armadas. Henderson dijo que llevó a sus nietos a votar porque su propia madre falleció hace poco y quería que ellos tuvieran algo para recordarlo cuando él falte.
Los tres esperan que las elecciones traigan consigo victorias demócratas y un cambio político. Gathenya manifestó que la situación económica y el descontento con Trump podrían motivar que acudan tanto quienes han votado anteriormente como quienes nunca lo han hecho. “Realmente podría cambiar, marcar una diferencia, siento yo, si mucha gente vota”, añadió.
Denise Wunder, exgerente de una tienda de emparedados, llegó al centro en una furgoneta que lucía una matrícula decorativa con un águila estadounidense. Aunque la firme partidaria de Trump es hija de demócratas, la inmigración sin autorización es el tema más importante para ella.
“Creo que Trump es como nuestra última esperanza, porque de lo contrario, este mundo se va a ir al diablo de la peor manera”, refirió. “Sí, dice tonterías, pero, ¿sabes? Todos las decimos”.
Durante una fresca tarde otoñal, en el condado de Henrico, un suburbio de Richmond, Virginia, los votantes llegaron de manera constante una semana antes del día de las elecciones. En ese momento de decisión, una pareja conservadora, Joan y Frank Bark, lamentaron el rumbo que toma el país.
“Me temo que Trump se ha vuelto tan egocéntrico que eso afecta su capacidad para tomar decisiones inteligentes o más acertadas”, dijo Frank. Pero “tampoco quiero las decisiones que se generarían desde ese sector de extrema izquierda”, añadió.
Joan, quien está jubilada al igual que su esposo, opinó sobre los demócratas: “No he encontrado mucho que quieran cambiar o en lo que deseen trabajar. En su mayor parte es: ‘Odio a Trump’”. Pero Trump de verdad no está en la boleta electoral. Ambos votaron por candidatos republicanos.
En Nanuet, Nueva York, la gente acudió de manera continua para votar en la pequeña sala de un centro comunitario, algunos incluso en disfraces de Halloween. Primrose D. Sullivan, enfermera, es independiente. Se mofó del deseo de Trump de que los electores actúen como si él fuera candidato.
“No, porque no lo es”, dijo. “Cuando un paciente llega al hospital, espera que yo me base en hechos, no en ‘mmm… voy a actuar como si usted tuviera cáncer’”. No. ¿Tiene o no tiene cáncer? Debemos proceder con base en los hechos”. Votó por los demócratas.
Pero algunos perciben un cáncer en la política, si no es que en la propia presidencia
Sullivan fue una de los varios votantes que destacaron particularmente a los multimillonarios con los que Trump se ha aliado, y cómo eso podría contribuir al declive estadounidense.
“No tengo nada en contra de nuestras personas adineradas. Jeff Bezos o, ya sabes, Elon Musk”, agregó. “Pero sí tengo un cierto problema con (el hecho de) que siempre quieren más y más, y hagan cosas que, en realidad, no ayudan a la humanidad”.
“Si seguimos por el camino que siguen estos individuos”, continuó en referencia tanto a la clase política como a los directivos de las grandes empresas, “no vamos a tener nada de lo que teníamos en el pasado”. La suya es una “actitud autodestructiva”, añadió, “porque, honestamente, si todo el planeta se destruye a sí mismo, los ricos se irán a pique con nosotros”.
Al exterior del centro de votación en la YMCA de Fort Mill, Carolina del Sur, Benjamin Updegraft, tras emitir su voto para la contienda al Senado, expresó una dura crítica contra la élite y trazó su propia evolución desde ser un “joven republicano ferviente” que votó por Trump en 2016, hasta convertirse en un “demócrata convencido”.
Citó tanto el hecho de que Musk limitara su servicio Starlink de internet por satélite en Ucrania —lo que causó una disrupción en una defensa clave frente a los ataques rusos—, como un anuncio del republicano Vivek Ramaswamy durante la contienda por el cargo de gobernador de Ohio, en el que aparecía la madre de su rival demócrata, Amy Acton —con quien ella no mantiene relación alguna— como razones por las que hay que contener a los hombres poderosos.
“Es necesario extirpar eso de este país como si fuera un cáncer”, dijo Updegraft. “Tenemos la enorme responsabilidad de arrebatar el control que la peor gente de este país ejerce sobre las riendas del poder, y de hacer que paguen por sus actos”.
En Scottsdale, Arizona, David Lee describió su crianza conservadora y su historial de voto a favor de los republicanos, y explicó su decisión de dar la espalda a ese partido y votar por los demócratas en las disputadas elecciones para gobernador y para la Cámara de Representantes. Considera que las políticas migratorias de mano dura de Trump carecen de base legal.
“Nadie quiere fronteras abiertas, pero tratan a estas personas sin el debido proceso, las envían a países a los que ni siquiera pertenecen”, destacó Lee, de 63 años. “Ya no hay reglas”.
Y además está el tema de los precios. Y la guerra
Los partidarios de Trump que fueron entrevistados por la AP en los centros de votación expresaron su tolerancia ante el aumento de los precios de la gasolina derivado de la guerra con Irán, y en algunos casos culparon el alza a factores distintos a la causa real. Tampoco rompieron con él en lo que respecta a la guerra misma.
Entre ellos se encontraba David Stouffer, de 59 años, gerente de sucursal de un banco hipotecario quien ha votado por Trump en tres ocasiones y habló fuera de la oficina de elecciones de Harrisburg.
“Irán ha matado estadounidenses durante 50 malditos años”, sostuvo. “Sí, sufriré con precios más altos de la gasolina durante este tiempo, hasta que resuelvan ese disparate”.
Se le preguntó a Stouffer si eso aprieta el presupuesto de su hogar, y respondió: “Por supuesto que sí”. ¿Cómo lidiar con eso? “Yo simplemente sigo conduciendo”.
“Él ha hecho realidad los recortes de impuestos”, agregó Stouffer. “Ha asegurado las fronteras. Para mí, eso es muy, muy importante”.
Por su parte, decenas de demócratas, independientes y republicanos ajenos al núcleo duro de los seguidores de Trump discreparon de esa valoración, aunque algunos reconocieron los logros del presidente en materia de impuestos e inmigración.
Horner, el importador de alimentos, dice que está “enloqueciendo” debido a los aranceles y a otras medidas que van y vienen entre el gobierno de Trump y los tribunales, mientras un Congreso republicano “ineficaz” y ahora en peligro, electoralmente, permanece en gran medida al margen.
“No puedes hacer negocios cuando cada mes tienes que reajustar tus precios porque el presidente tiene una ocurrencia descabellada sobre algo que ni siquiera tiene la facultad constitucional de hacer”, expuso Horner, y añadió: “Simplemente está ganando tiempo con todo esto, y tú solo sabes que él sabe que (lo que hace) está mal”.
“¿Y qué tenemos? Costos más altos en atención médica, precios más altos en alimentos y gasolina, un entorno empresarial que es un caos absoluto”.
Pero Jerry Casner, de 74 años y residente de Mechanicsburg, un suburbio de Harrisburg, quiere tanto de Trump como sea posible. Por desgracia, “no puede volver a postularse”, señaló Casner.
“Bueno, técnicamente”, agregó Casner, “no puede volver a postularse”.
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